Las pausas activas: moverse es bueno

El empleado es la esencia de una empresa. Su bienestar es deber para lograr los objetivos que a todos interesan. Es común escuchar que las personas pasan más tiempo en la oficina que en el hogar, una idea para nada exagerada. Suelen ser más de ocho horas las que dura una persona en la oficina. En un entorno así, las pausas activas son fundamentales. Para el empleador, es trascendental que ese lapso sea optimizado en pos de los mejores resultados para la organización, con los menores contratiempos posible. Por eso, es fundamental tener en cuenta que una estadía tan prolongada, en la que se ha vuelto costumbre que haya la menor distracción posible, puede tener consecuencias en la salud física y mental del empleado. El ejercicio suele dejarse a un lado por la rutina laboral, un descuido que puede perjudicar a las personas que se olvidan de este detalle.

Cuestión de salud

La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, considera que el ámbito laboral debe propiciar la buena salud de quienes ahí conviven:
“La salud, la seguridad y el bienestar de los trabajadores son de fundamental importancia para los propios trabajadores y sus familias, y también para la productividad, la competitividad y la sostenibilidad de las empresas y, por ende, para las economías de los países y del mundo”, indica el ente como parte de una guía para empleados, empleadores e instituciones normativas sobre el tema.
Expertos recomiendan que prácticas como ejercicios de respiración, el baile, subir y bajas escaleras, caminatas, movimientos articulares y oculares, contribuyen a disminuir el estrés y la fatiga visual. Además, evitan los dolores de espalda, así como disminuyen las posibilidades de la indeseada dolencia del túnel carpiano y trastornos de músculos, tendones y nervios. Según la OMS, estos problemas afectan aproximadamente a 35 millones de personas cada año; en muchos casos pueden volverse crónicas por lo que pueden ser causa de ausencias laborales, así como de reposos prolongados cuando generan incapacidad. Una organización puede alentar a sus colaboradores a tomar pausas activas para realizar diversas actividades en todos los niveles, independientemente de su edad y capacidad. La mayoría de las personas, solo necesitan ayuda para comenzar. El “equilibrio” debe provenir de la persona que desea comenzar o continuar con un programa de actividades, y tener el estímulo del lugar de trabajo para cumplir con estos objetivos. Ya sea que trabaje en una empresa pequeña o grande, hay muchas áreas y estrategias que pueden aumentar la participación en programas de acondicionamiento físico y vida activa.

Algunas estrategias son:

  • Desarrollar una política de aptitud física para el lugar de trabajo.
  • Preguntar al personal qué tipo de programas le interesan.
  • Permitir que las personas tomen media hora adicional dos veces por semana durante el almuerzo para caminar, nadar, asistir a clases de acondicionamiento físico, etc.
  • Animar a las personas a caminar hasta la oficina o estación de trabajo de un compañero de trabajo en lugar de usar el teléfono o el correo electrónico.
  • Permitir y fomentar los descansos para estirarse mientras esté en la estación de trabajo.
  • Proporcionar recursos y educación: boletines informativos, boletines, guías comunitarias, ferias de salud, oradores invitados, instructores para una nueva actividad o deporte, etc.